La isla de Santa Clara es uno de los lugares más singulares de San Sebastián. Situada en el centro de la bahía de La Concha, frente a una de las playas más emblemáticas de la ciudad, este pequeño islote combina naturaleza, historia y unas vistas privilegiadas de la costa donostiarra. En verano se convierte además en uno de los destinos favoritos para quienes buscan darse un baño, disfrutar del paisaje o descubrir la bahía desde otra perspectiva.
Un símbolo de la ciudad
Con apenas 5,1 hectáreas de superficie y una altura máxima de 48 metros, la isla de Santa Clara ocupa una posición privilegiada en el centro de la bahía. Aunque hoy está completamente rodeada por el mar, antiguamente estuvo unida a tierra firme, cuando la zona que actualmente ocupa el paseo marítimo formaba parte de su conexión con la ciudad.
La isla cuenta con algunos elementos que forman parte de su identidad, como un embarcadero, un faro, un bar y una pequeña playa desde la que se pueden contemplar unas magníficas vistas de la bahía, el monte Urgull y el monte Igeldo. También dispone de una curiosa piscina de agua natural, formada por el efecto de las mareas.
La pequeña playa de Santa Clara es especialmente recomendable cuando hay marea baja, momento en el que queda al descubierto una mayor superficie de arena y resulta más sencillo disfrutar de este rincón de la isla. Además, durante la temporada de verano cuenta con servicio de socorrismo, duchas y bar.
Una isla con más de 400 años de historia
La está estrechamente vinculada a la de la ciudad de San Sebastián. Uno de los episodios más conocidos tuvo lugar en 1597, cuando una epidemia de peste asoló la ciudad y la isla se utilizó como lugar de aislamiento para las personas contagiadas. La ermita que existía en Santa Clara fue entonces uno de los espacios destinados a acoger a los enfermos.
A lo largo de los siglos hubo diferentes proyectos para conectar la isla con tierra firme. Desde 1821 se plantearon varios intentos de construir una pasarela que permitiera acceder a ella sin necesidad de embarcaciones, aunque ninguno llegó a completarse.
Ya en el siglo XX, la isla comenzó a adquirir su carácter de espacio de recreo. Desde 1956, la asociación Amigos de la Isla de Santa Clara impulsó diferentes mejoras, como la instalación de agua potable, mesas, bares, duchas y parasoles. En 1968, Santa Clara pasó a ser de titularidad municipal tras su cesión por parte del Estado al Ayuntamiento de San Sebastián y, en 1974, fue declarada Centro Histórico de Interés Nacional.

La naturaleza de la isla de Santa Clara
A pesar de sus reducidas dimensiones, Santa Clara cuenta con una interesante variedad de especies vegetales y animales. Su ubicación en plena bahía y su exposición al viento y a la salinidad del Cantábrico han favorecido la presencia de especies adaptadas a estas condiciones, como la encina, el hinojo marino y el tamariz.
También pueden encontrarse especies introducidas por el ser humano, como el laurel, el fresno, la higuera o el abedul, además de diferentes especies ornamentales que se plantaron a lo largo de los caminos; entre ellas se encuentran el aligustre, el seto japonés y el pitósporo. La isla también cuenta con algunas especies exóticas invasoras, como la falsa acacia.
Entre la fauna destaca especialmente la lagartija ibérica de San Sebastián (Podarcis hispanicus sebastiani), una subespecie endémica que únicamente se encuentra en la isla de Santa Clara y en el monte Urgull. También es habitual encontrar gaviotas patiamarillas, mientras que, en menor medida, pueden observarse ejemplares de cormorán moñudo y arao común.

Hondalea: arte en el antiguo faro
Uno de los grandes atractivos de Santa Clara se encuentra en el antiguo edificio del faro. En 2021 se inauguró Hondalea, una obra de la artista Cristina Iglesias que transforma el interior de la antigua casa del farero en un espacio artístico inspirado en el paisaje y la naturaleza de la costa vasca.
La intervención incorpora una escultura en la que el agua fluye siguiendo el ritmo de las mareas, creando un diálogo entre el interior del faro y el entorno marítimo de la isla. El nombre de la obra, Hondalea, significa “abismo en el mar” en euskera.
La instalación fue concebida teniendo en cuenta la geología y la ecología de la costa vasca y puede visitarse con cita previa, convirtiéndose en una experiencia diferente para descubrir Santa Clara más allá de sus playas y paisajes.
Cómo llegar a la isla de Santa Clara
Una de las mejores formas de visitar la isla de Santa Clara es hacerlo en barco. Durante los meses de verano, un servicio regular de embarcaciones conecta el puerto de San Sebastián con la isla, permitiendo llegar cómodamente en pocos minutos.
También es posible acercarse a Santa Clara por otros medios, como kayak o paddle surf, e incluso llegar nadando. De hecho, su proximidad a las playas de la bahía permite realizar la travesía a nado durante todo el año.
Para quienes quieran hacerlo a nado, la playa de Ondarreta es uno de los puntos de partida habituales. Desde allí hay aproximadamente medio kilómetro hasta la isla, y durante el trayecto se pueden encontrar plataformas flotantes con trampolines y toboganes donde hacer una pausa.
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La isla de Santa Clara es solo uno de los muchos lugares que puedes descubrir durante una escapada a San Sebastián. Si quieres alojarte en el centro de la ciudad y tener la bahía de La Concha y sus principales atractivos a poca distancia, Intelier Hotels & Suites cuenta con dos hoteles en pleno corazón donostiarra.
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